La terapia cognitivo-conductual es una de las escuelas de psicoterapia más antiguas. Hay dos características que la definen: su modelo de la naturaleza humana y su metodología. En esencia, se considera que casi el 100% de nuestra forma de ser, de nuestra personalidad, es fruto de nuestras experiencias. Aunque nacemos con fuertes predisposiciones genéticas o biológicas, es el aprendizaje el que nos hace que estas potencialidades cristalicen en una u otra dirección. Todos los períodos de nuestra vida son importantes porque posibilitan experiencias y aprendizajes y se va moldeando nuestra manera de ser.

A veces tenemos experiencias que nos hacen aprender reacciones emocionales dañinas o dolorosas. Sea de forma rápida y concreta, o progresivamente a lo largo de los años, los problemas emocionales son fruto del aprendizaje. Cuando alguien sufre una depresión, un trastorno de ansiedad o un problema de alimentación, no están locos, ni enfermos, ni son débiles, sencillamente ha sido víctima de una serie de desafortunadas experiencias.

Un psicoterapeuta, especialista en lo cognitivo-conductual, es experto en aprender y desaprender. La terapia consiste en enseñar una serie de técnicas y estrategias psicológicas probadas científicamente para que la persona afronte su problema emocional y lo maneje hasta eliminarlo. Éste se convierte en una clase de entrenador y la terapia es un proceso de entrenamiento o reaprendizaje donde se elimina el resultado de malas experiencias.

Desde un punto de vista metodológico, la terapia cognitivo-conductual es una disciplina científica. La eficacia de las técnicas o la veracidad de los modelos, no se basan en escritos u opiniones más o menos brillantes o creativas, sino en datos experimentales. En conclusión, la terapia cognitivo-conductual forma parte de las orientaciones de la terapia cognitiva en general enfocada en este caso a la vinculación del pensamiento y la conducta. Recogen las aportaciones de distintas corrientes dentro de la psicología científica, como: psicología cognitiva y la psicología conductista.

Durante el proceso, un psicoterapeuta se vale de diversas estrategias que tienen por objeto la flexibilización y modificación de los esquemas disfuncionales y los pensamientos automáticos que se desprenden de éstos. Los resultados no deben confundirse entre sí, puesto que el grado de eficacia es variable y resulta dependiente del tipo de problema conductual. Sin embargo se ha encontrado útil tratando algunos trastornos y padecimientos como la ansiedad, la depresión, los ataques de pánico, las fobias, bulimia, esquizofrenia, entre otras.